Dulces tentaciones, las golosinas de antes.

Mucho se ha debatido estas últimas semanas sobre alimentos saludables, lo que tienen o dicen tener en su preparación. Así y todo, es inevitable caer en tentaciones y buscar golosinas –sobre todo si hay niños en la familia- así que echemos una mirada a nuestras antiguas golosinas.

Hay unos dulces que vienen de la época de la colonia, me refiero a las sustancias que poco tienen que ver con las industriales que es posible encontrar actualmente. Las monjas Sacramentinas de Chillán hasta hace unos años eran celosas guardianas de la antigua receta. Por generaciones fueron las encargadas de deleitar a muchos con esta golosina hecha a partir de puros productos identificables por todos. Huesos, con que se hacía caldo que hervía por varios días hasta obtener toda su “sustancia”, la que al enfriarse se solidificaba como una gelatina y era saborizada con limón o canela. Desgraciadamente la última religiosa que la hacía, dejó de hacerla dada su avanzada edad y problemas de salud. Patrimonio que se pierde.

Las cabritas, eran una de esas golosinas clásicas. Se preparan con maíz curagua, maíz de la época pre hispánica (todavía lo venden en las tostadurias o en La Vega, incluso en los supermercados). No crean que es complicado. En una olla mediana de 3 litros aprox. caliente 3 cucharadas soperas de aceite. Cuando ya esté caliente basta con echar una taza de maíz curagua, tapar la olla y esperar que empiece a sonar mientras se abren los granos. Si las quiere dulces, le pone un poco de  azúcar y revuelve hasta que esta se disuelva impregnando las cabritas. Si las quiere saladas, basta con espolvorearles sal al final y revolver. Fácil y económico, además harto más saludable que otras golosinas, porque uno modera el azúcar a gusto.

Otro clásico infantil, las manzanas confitadas, una manera de comer la fruta con solo un baño de caramelo. ¿Cree que es imposible hacer en casa? Equivocados estamos, basta con 3 tazas azúcar, una taza de agua y revolver con batidor a fuego lento. Un poco de jugo de limón -que ayuda a que no se cristalice tan rápido el caramelo-. Colorante vegetal rojo (unas gotas, no exagere tampoco). Palito de helado, manzanas chicas bien lavadas y secas.

En una cacerola hay que poner el azúcar, agregar el agua y llevar a fuego suave, revolver hasta unir todo. Hay que darle  punto (ojo no debe quedar muy espeso). Agregar una cucharada de jugo de limón, seguir revolviendo. Es el momento de incorporar a esta mezcla las gotas del colorante –dije sin exagerar-. Saque del fuego directo y lleve la cacerola a baño maría, así el caramelo no se cristaliza tan rápido y le da tiempo a bañar muchas manzanas, las que previamente han sido pinchadas con un palo de helado. El palito sirve para bañar las manzanas con facilidad, sin quemarse y luego para poder usarla como “mango” para comerse estas ricas manzanas confitadas.

Estas son algunas de las golosinas que tienen historia en nuestro país. Afortunadamente hay algunas más porque  varias regiones tienen sus especialidades y buscando; aún se pueden encontrar hasta hoy en día.

 

 


Anabella Grunfeld Havas Por Anabella Grunfeld Havas
Profe todo terreno. Con la oreja pará y los ojos atentos, a cuanto comistrajo y vituperio chilensis me pongan por delante. Buena pal mastique y pa hacer salú.
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    • Anabella Grunfeld Havas

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    • Alejandra Mulet

      Alejandra Mulet

      Periodista sibarita, creadora y editora de Sabores & Más. Miembro del Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile.
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