Nostalgias de antaño

Uno podrá resistirse, pero el cambio de estación es un hecho. Ahora, un recuerdo: dejamos atrás la temporada de frutas dulces y jugosas, que ahora tendremos como tesoros en frascos de todos tipos y tamaños en forma de mermelada o dulce. La fragante albahaca más nos vale que haya quedado  congelada en nuestro refrigerador, o embotellada y sellada en “situación de pesto”. De otra forma habrá que contentarse con las insípidas y cero fragancia de las deshidratadas o de dudosa procedencia.

Por Anabella Grunfeld (Amante e investigadora de la cocina chilena) @cocinartechile

Pienso la pega que se daban las abuelas de uno durante el verano, eran lo más parecido a ese cuento de la hormiguita laboriosa, que trabajaba todo el verano juntando su comida para el invierno. Me late que en estos tiempos casi todos estamos más cerca del otro personaje de esta fábula infantil. ¿Se acuerdan de la cigarra?

La nostalgia veraniega se pasaba mejor con esas conservas de duraznos amarillos que brillan relucientes en frascos llenos de dulce almíbar o con, las papayas; antes un postre elegantísimo para rematar almuerzos festivos siempre que fueran con una generosa porción de crema.

Las recetas de manjar, dulces amoldados, las mermeladas de alcayota con y sin nueces y tanto otro banquete, eran “secretos de familia”. Ahora es cosa de entrar en internet y uno encuentra lo que se le antoje. Pero los sabores ya no son iguales. Me gustaban esas sanas costumbres de guardar el verano en frascos y botellas.

Las casas más alejadas de las ciudades, eran otro cuento. Ahí las hormiguitas laboriosas no se daban descanso, entre rumas de humas y pasteles de choclo, se daban el tiempo de cocer y secar muchas mazorcas, por suerte bastaba luego tirarla al techo y el proceso seguía solo. El sol hacía su pega secando bien esos granos amarillo anaranjados que mucho después eran desgranados y molidos, para volver a hacer salir el sol en las cazuelas y guisos de papas con chuchoca. Los huesillos y orejones eran los vecinos de los choclos arriba de los techos. Las peritas secas, se guardaban en sacos o bolsas de papel, el huesillo se azufraba, el mote después de pelado con lejía y bien asoleado iba a dar a blancos sacos harineros albos de tanto lavado.

La recompensa a todo este trabajo veraniego, aparecía en días grises y fríos en forma de panqueques con manjar, compotas, postres, guisos, salsas, jugos, vinos asoleados o licores para los brindis de los mayores.

Volvemos al 2013, y si el antojo llegó a ser irresistible, me atrevo a sugerir que se pegue una vuelta a Olmué por ejemplo, ahí encontrará mermeladas, conservas y salsas bien caseras. Hay varias pequeñas fabricas bien señalizadas o harta variedad en los negocios cerca de la plaza.  Unas de rechupete que recuerdo de esos paseos infantiles, era –antes negocio en una casa- ahora algo que creció, pero que mantiene ese cuidado en la preparación de cada una de sus delicias http://www.mickelsen.cl. ¡Como las de antaño!

 

Y, para ustedes ¿Cuáles son sus nostalgias culinarias de antaño?


 


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    • Anabella Grunfeld Havas

      Anabella Grunfeld Havas

      Profe todo terreno. Con la oreja pará y los ojos atentos, a cuanto comistrajo y vituperio chilensis me pongan por delante. Buena pal mastique y pa hacer salú.
    • Alejandra Mulet

      Alejandra Mulet

      Periodista sibarita, creadora y editora de Sabores & Más. Miembro del Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile.
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